
Próximamente muchos van a festejar el día de la Madre. Yo no. Ya no la tengo.
Hace una hora me llamó el único de mis cinco hijos que tengo en Capital para preguntarme qué quería que me regalara. Por supuesto que le dije que estaba re loco si salía a dejarse robar plata por los ambiciosos de los comerciantes, que se aprovechan de los giles que compran para estas fiestas puramente comerciales. Al final……….. pude convencerlo. Con que venga a comer conmigo es más que suficiente.
Ahora me pregunto: ¿qué pasa con los chicos de la escuela primaria que no tienen mamá y sus compañeritos están preparando con la maestra de actividad práctica el “regalito” para mamá? ¿Qué le dicen a ese chiquito que no la tiene? Para mí es cruel. Si yo, a la edad que tengo, ya abuela, todavía sigo llorando, literalmente hablando a mi mamá, no quiero ni pensar lo que pasa por la cabeza de un niño/a que no la tiene. Sin ir más lejos, está el caso de Romina Yan, que rondando los treinta años murió súbitamente, chicos que, con seguridad, el año pasado le hicieron un regalo o más, y este año…….. ¿qué? Y como ese caso, miles que no conocemos.
Para mí a la madre se la recuerda todo el tiempo, los 365 días del año y sin necesidad de tanto regalo. El regalo más preciado es quererla, respetarla y, en caso de no tenerla, recordarla con mucho amor.
El otro día, llegando a casa después de un viaje a San Juan, vimos que un vecino, súper atento a quien no conocemos, tuvo la gentileza de mandarme lo que voy a transcribir a continuación. Ya lo había leído y creo que hasta lo publiqué una vez, no estoy segura, pero me gustó mucho volver a leerlo.
“Hay una mujer que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados. Una mujer que siendo joven, tiene la reflexión de la anciana y en la vejez trabaja con el ardor de la juventud.
Una mujer que si es ignorante, descubre los secretos de la vida con más acierto que un sabio, y si es instruida, se acomoda a la simplicidad de los niños.
Una mujer que siendo pobre se satisface con la felicidad de los que ama, y siendo rica, daría con gusto su tesoro por no sufrir en su corazón la herida de la ingratitud.
Una mujer que siendo vigorosa, se estremece con el vagido de un niño, y siendo débil, se reviste con la bravura del león.
Una mujer que mientras vive no la sabemos estimar, porque a su lado todos los dolores se olvidan, pero después de muerta daríamos todo lo que somos y todo lo que tenemos por mirarla un instante, por recibir de ella un solo abrazo, por escuchar un solo acento de sus labios.
De esta mujer no me exijáis el nombre si no queréis que empape con lágrimas esta hoja, porque yo la vi pasar en mi camino.
Cuando crezcan vuestros hijos, leedles esta página y ellos, cubriendo de besos vuestra frente os dirán que un humilde viajero en pago de suntuoso hospedaje recibido, ha dejado para vos y para ellos, un boceto del retrato de su madre”.
Ramón Ángel Jara
Obispo chileno y Canónigo argentino
Mamita:
Donde quieras que estés en este momento, necesito que sepas que jamás voy a dejar de extrañarte y necesitarte, y que daría mi vida para que vuelvas junto a papá que tanto te necesita. Porque parece que estuviera entero, vieja, pero te aseguro que no es así, ya que cuando estamos en medio de un almuerzo o cena, o mirando algún partido de fútbol, de pronto se echa a llorar y recién al rato se recompone. Seguramente es el recuerdo, entre otros muchos, de haber pasado más de sesenta años viendo juntos fútbol, que les apasionaba a los dos, y yo lo heredé.
Me siento culpable de tu partida, ya que cuando me despedí de vos, mientras estabas dormida, no te dije al oído: "vieja, no se te ocurra irte" y sé que me hubieras escuchado.......... Eso va a vivir conmigo el resto que me queda de vida.
Ya sabés, si me necesitas, no tenés más que pedirle a Dios que me lleve a tu lado y allí estaré. Es así como te extraño.
Tu Martita
Hace una hora me llamó el único de mis cinco hijos que tengo en Capital para preguntarme qué quería que me regalara. Por supuesto que le dije que estaba re loco si salía a dejarse robar plata por los ambiciosos de los comerciantes, que se aprovechan de los giles que compran para estas fiestas puramente comerciales. Al final……….. pude convencerlo. Con que venga a comer conmigo es más que suficiente.
Ahora me pregunto: ¿qué pasa con los chicos de la escuela primaria que no tienen mamá y sus compañeritos están preparando con la maestra de actividad práctica el “regalito” para mamá? ¿Qué le dicen a ese chiquito que no la tiene? Para mí es cruel. Si yo, a la edad que tengo, ya abuela, todavía sigo llorando, literalmente hablando a mi mamá, no quiero ni pensar lo que pasa por la cabeza de un niño/a que no la tiene. Sin ir más lejos, está el caso de Romina Yan, que rondando los treinta años murió súbitamente, chicos que, con seguridad, el año pasado le hicieron un regalo o más, y este año…….. ¿qué? Y como ese caso, miles que no conocemos.
Para mí a la madre se la recuerda todo el tiempo, los 365 días del año y sin necesidad de tanto regalo. El regalo más preciado es quererla, respetarla y, en caso de no tenerla, recordarla con mucho amor.
El otro día, llegando a casa después de un viaje a San Juan, vimos que un vecino, súper atento a quien no conocemos, tuvo la gentileza de mandarme lo que voy a transcribir a continuación. Ya lo había leído y creo que hasta lo publiqué una vez, no estoy segura, pero me gustó mucho volver a leerlo.
“Hay una mujer que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados. Una mujer que siendo joven, tiene la reflexión de la anciana y en la vejez trabaja con el ardor de la juventud.
Una mujer que si es ignorante, descubre los secretos de la vida con más acierto que un sabio, y si es instruida, se acomoda a la simplicidad de los niños.
Una mujer que siendo pobre se satisface con la felicidad de los que ama, y siendo rica, daría con gusto su tesoro por no sufrir en su corazón la herida de la ingratitud.
Una mujer que siendo vigorosa, se estremece con el vagido de un niño, y siendo débil, se reviste con la bravura del león.
Una mujer que mientras vive no la sabemos estimar, porque a su lado todos los dolores se olvidan, pero después de muerta daríamos todo lo que somos y todo lo que tenemos por mirarla un instante, por recibir de ella un solo abrazo, por escuchar un solo acento de sus labios.
De esta mujer no me exijáis el nombre si no queréis que empape con lágrimas esta hoja, porque yo la vi pasar en mi camino.
Cuando crezcan vuestros hijos, leedles esta página y ellos, cubriendo de besos vuestra frente os dirán que un humilde viajero en pago de suntuoso hospedaje recibido, ha dejado para vos y para ellos, un boceto del retrato de su madre”.
Ramón Ángel Jara
Obispo chileno y Canónigo argentino
Mamita:
Donde quieras que estés en este momento, necesito que sepas que jamás voy a dejar de extrañarte y necesitarte, y que daría mi vida para que vuelvas junto a papá que tanto te necesita. Porque parece que estuviera entero, vieja, pero te aseguro que no es así, ya que cuando estamos en medio de un almuerzo o cena, o mirando algún partido de fútbol, de pronto se echa a llorar y recién al rato se recompone. Seguramente es el recuerdo, entre otros muchos, de haber pasado más de sesenta años viendo juntos fútbol, que les apasionaba a los dos, y yo lo heredé.
Me siento culpable de tu partida, ya que cuando me despedí de vos, mientras estabas dormida, no te dije al oído: "vieja, no se te ocurra irte" y sé que me hubieras escuchado.......... Eso va a vivir conmigo el resto que me queda de vida.
Ya sabés, si me necesitas, no tenés más que pedirle a Dios que me lleve a tu lado y allí estaré. Es así como te extraño.
Tu Martita
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