lunes, enero 31, 2011

El hombre y el violón

Esta historia es sobre un hombre que reflejaba en su forma de vestir la derrota, y en su forma de actuar la mediocridad total. Ocurrió en París, en una calle céntrica aunque secundaria. Este hombre, sucio, maloliente, tocaba un viejo violín. Frente a él y sobre el suelo estaba su boina, con la esperanza de que los transeúntes se apiadaran de su condición y le arrojaran algunas monedas para llevar a casa. El pobre hombre trataba de sacar una melodía, pero era del todo imposible identificarla debido a lo desafinado del instrumento, y a la forma displicente y aburrida con que tocaba ese violín. Un famoso concertista, que junto con su esposa y unos amigos salía de un teatro cercano, pasó frente al mendigo musical. Todos arrugaron la cara al oír aquellos sonidos tan discordantes. Y no pudieron menos que reír de buena gana. La esposa le pidió, al concertista, que tocara algo. El hombre echó una mirada a las pocas monedas en el interior de la boina del mendigo, y decidió hacer algo. Le solicitó el violín. Y el mendigo musical se lo prestó con cierto recelo. Lo primero que hizo el concertista fue afinar sus cuerdas. Y entonces, vigorosamente y con gran maestría arrancó una melodía fascinante del viejo instrumento. Los amigos comenzaron a aplaudir y los transeúntes comenzaron a arremolinarse para ver el improvisado espectáculo. Al escuchar la música, la gente de la cercana calle principal acudió también y pronto había una pequeña multitud escuchando arrobada el extraño concierto. La boina se llenó no solamente de monedas, sino de muchos billetes de todas las denominaciones. Mientras el maestro, sacaba una melodía tras otra, con tanta alegría. El mendigo musical estaba aún más feliz de ver lo que ocurría y no cesaba de dar saltos de contento y repetir orgulloso a todos: "¡¡Ese es mi violín!! ¡¡Ese es mi violín!!". Lo cual, por supuesto, era rigurosamente cierto. La vida nos da a todos "un violín". Son nuestros conocimientos, nuestras habilidades y nuestras actitudes. Y tenemos libertad absoluta de tocar "ese violín" como nos plazca. Se nos ha dicho que Dios nos concede libre albedrío, es decir, la facultad de decidir lo que haremos de nuestra vida. Y esto, claro, es tanto un maravilloso derecho, como una formidable responsabilidad. Algunos, por pereza, ni siquiera afinan ese violín. No perciben que en el mundo actual hay que prepararse, aprender, desarrollar habilidades y mejorar constantemente actitudes si hemos de ejecutar un buen concierto. Pretenden una boina llena de dinero, y lo que entregan es una discordante melodía que no gusta a nadie. Esa es la gente que hace su trabajo de la forma: "hay se va...", Que piensa en términos de "me vale...", y que cree que la humanidad tiene la obligación de retribuirle su pésima ejecución, cubriendo sus necesidades. Es la gente que piensa solamente en sus derechos, pero no siente ninguna obligación de ganárselos. La verdad, por dura que pueda parecernos, es otra. Tú y yo, y cualquier otra persona, tenemos que aprender tarde o temprano, que los mejores lugares son para aquellos que no solamente afinan bien ese violín, sino que aprenden con el tiempo también a tocarlo con maestría. Por eso debemos de estar dispuestos a hacer bien nuestro trabajo diario, sea cual sea. Y aspirar siempre a prepararnos para ser capaces de realizar otras cosas que nos gustarían. La historia está llena de ejemplos de gente que aún con dificultades iniciales llegó a ser un concertista con ese violín que es la vida. Y también, por desgracia, registra los casos de muchos otros, que teniendo grandes oportunidades, decidieron con ese violín, ser mendigos musicales. La verdad es que Dios nos concedió "libre albedrío". Tú puedes hacer algo grande de tu vida, o hacer de ella algo mediocre. Esa es tu decisión personal.
(Desconozco autor)

martes, enero 25, 2011

Mis nietos


En realidad debería ocuparme de escribir un poco de ellos. Principalmente porque los tengo muy lejos a los cuatro: tres a 1.200 Kms. y uno, el más chiquito, a 600 Kms.
Tuve la suerte de pasar el fin de año junto a los cuatro y, sobre todo de pasarlo muy bien.
El mayor de 13 años, Martín jr. (hijo de Florencia, la mayor de mis hijos, y Martín) ya pasó a 2° año y está hecho un hombrecito muy inteligente. Sigue su hermana, María del Pilar de 11 años, muy pícara y también muy inteligente, pasó a 1° año con una gran tendencia al dibujo, sobre todo a dibujar y crear vestidos, por lo que creo que va a ser diseñadora de modas. Pero........ poco le gusta la escuela. El Benjamín de la familia, Juan Manuel, de 5 años, travieso como todo chico normal de su edad. Este año termina el Jardín de Infantes y es muy sociable, tiene cantidad de amigos. Viven en la provincia de San Juan, la tierra de los buenos vinos y cuna de Domingo Faustino Sarmiento.


En cuanto al más chiquito, Santino, tiene solo un año. Vive en Santa Rosa, Provincia de La Pampa. Es hijo del menor de mis hijos, Augusto y de Ivana, una gran mamá.


Después de hablar de mis nietos pienso dedicarle un pequeño escrito a cada uno de mis hijos.

También voy a agregar el enlace del video que saqué para fin de año en Santa Rosa y en donde hay una gran parte de la gran familia familia: sobrinos, hermados, mi papá, mi tía, etc.:
http://www.youtube.com/watch?v=qzOcAAN5pe0

Marita

Las mujeres y las manzanas

Las mujeres somos como manzanas en los árboles....
Las mejores están en la copa del árbol.
Los hombres no quieren alcanzar las mejores, porque tienen miedo de caer y herirse.
En cambio, toman las manzanas podridas que han caído a tierra y aunque no son tan buenas, son fáciles de alcanzar. Así que las manzanas que están en la copa del árbol, piensan para sí que algo esta mal con ellas, cuando en realidad, ELLAS SON GRANDIOSAS. Simplemente tienen que ser pacientes y esperar a que el hombre correcto llegue, aquel que sea lo suficientemente valiente para trepar hasta la cima del árbol por ellas.
No nos caigamos para ser alcanzadas, quien nos necesite y quiera hará TODO para alcanzarnos...
La mujer salió de la costilla del hombre, no de los pies para ser pisoteada, ni de la cabeza para ser superior. Sino del lado para ser igual, debajo del brazo para ser protegida, y al lado el corazón para ser amada...
Anónimo

Cinco pequeñas hisorias para pensar

1.- La pregunta más importante
Durante mi segundo semestre en la escuela de enfermería, nuestro profesor nos dio un examen sorpresa. Yo era un estudiante consciente y leí rápidamente todas las preguntas, hasta que leí la ultima: "¿cuál es el nombre de la mujer que limpia la escuela?”
Seguramente esto era algún tipo de broma. Yo había visto muchas veces a la mujer que limpiaba la escuela.
Ella era alta, cabello oscuro, como de cincuenta años, pero, ¿cómo iba yo a saber su nombre?
Entregué mi examen, dejando la última pregunta en blanco.
Antes de que terminara la clase, alguien le preguntó al profesor si la última pregunta contaría para la nota del examen. "absolutamente", dijo el profesor. "en sus carreras ustedes conocerán muchas personas. Todas son importantes. Ellos merecen su atención y cuidado, aunque solo les sonrían digan: '¡hola!'"
Nunca olvidé esa lección. También aprendí que su nombre era Dorothy.
Todos somos importantes.

2.- Auxilio en la lluvia
Una noche, a las 11:30 p.m., una mujer afroamericana, de edad avanzada estaba parada en el acotamiento de una autopista de Alabama, tratando de soportar una fuerte tormenta. Su coche se había descompuesto y ella necesitaba desesperadamente que la llevaran. Toda mojada, ella decidió detener el próximo coche.
Un joven blanco se detuvo a ayudarla, a pesar de todos los conflictos que habían ocurrido durante los 60. El joven la llevó a un lugar seguro, la ayudó a obtener asistencia y la puso en un taxi. Parecía estar bastante apurada. Ella anotó la dirección del joven, le agradeció y se fue.
Siete días pasaron, cuando tocaron la puerta de su casa. Para su sorpresa, un televisor pantalla gigante a color le fue entregado por correo a su casa. Tenia una nota especial adjunta al paquete. Esta decía: "muchísimas gracias por ayudarme en la autopista la otra noche. La lluvia anegó no sólo mi ropa sino mi espíritu. Entonces apareció usted. Gracias a usted, pude llegar al lado de la cama de mi marido agonizante, justo antes de que muriera. Dios lo bendiga por ayudarme y por servir a otros desinteresadamente.
Sinceramente: la señora de Nat King Cole."
No esperes nada a cambio y lo recibirás.

3.- Siempre recuerda aquellos a quienes sirves.
En los días en que un helado costaba mucho menos, un niño de 10 años entró en un establecimiento y se sentó a una mesa. La mesera puso un vaso de agua en frente de él. "¿cuánto cuesta un helado de chocolate con almendras?" pregunto el niño. "cincuenta centavos", respondió la mesera. El niño sacó su mano de su bolsillo y examinó un número de monedas. "¿cuánto cuesta un helado solo?", volvió a preguntar.
Algunas personas estaban esperando por una mesa y la mesera ya estaba un poco impaciente. "treinta y cinco centavos", dijo ella bruscamente. El niño volvió a contar las monedas: "quiero el helado solo", dijo el niño. La mesera le trajo el helado, y puso la cuenta en la mesa y se fue.
El niño terminó el helado, pagó en la caja y se fue. Cuando la mesera volvió, ella empezó a limpiar la mesa y entonces le costó tragar saliva con lo que vio. Allí, puesto ordenadamente junto al plato vacío, había veinticinco centavos... Su propina.
Jamás juzgues a alguien antes de tiempo.

4.- Los obstáculos en nuestro camino
Hace mucho tiempo, un rey colocó una gran roca obstaculizando un camino. Entonces se escondió y miró para ver si alguien quitaba la tremenda roca.
Algunos de los comerciantes más adinerados del rey y cortesanos vinieron y simplemente le dieron una vuelta. Muchos culparon al rey ruidosamente de no mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo algo para sacar la piedra grande del camino.
Entonces un campesino vino, y llevaba una carga de verduras. Al aproximarse a la roca, el campesino puso su carga en el piso y trató de mover la roca a un lado del camino. Después de empujar y fatigarse mucho, lo logró. Mientras recogía su carga de vegetales, notó una cartera en el suelo, justo donde había estado la roca.
La cartera contenía muchas monedas de oro y una nota del mismo rey indicando que el oro era para la persona que removiera la piedra del camino. El campesino aprendió lo que los otros nunca entendieron.
Cada obstáculo presenta una oportunidad para mejorar la condición de uno.

5.- Donando sangre
Hace muchos años, cuando trabajaba como voluntario en un hospital de Stanford, conocí a una niñita llamada Liz quien sufría de una extraña enfermedad. Su única oportunidad de recuperarse aparentemente era una transfusión de sangre de su hermano de 5 años, quien había sobrevivido milagrosamente a la misma enfermedad y había desarrollado los anticuerpos necesarios para combatirla.
El doctor explicó la situación al hermano de la niña, y le preguntó si estaría dispuesto a dar su sangre a su hermana. Yo lo vi dudar por solo un momento antes de tomar un gran suspiro y decir: "si, lo haré, si eso salva a Liz.”
Mientras la transfusión continuaba, él estaba acostado en una cama al lado de la de su hermana, y sonriente, mientras nosotros lo asistíamos a él y a su hermana, viendo retornar el color a las mejillas de la niña. Entonces la cara del niño se puso pálida y su sonrisa desapareció. Miró al doctor y le preguntó con voz temblorosa: "¿a qué hora empezaré a morirme?
Siendo solo un niño, no había comprendido al doctor; él pensaba que le daría toda su sangre a su hermana. Y aun así se la daba.

Da todo por quien ames

Ama como nunca has querido.

No desprecies la amistad de tus amigos.

Vive los días con fe, amor y paz.

Trabaja como si no necesitaras el dinero.

Y baila como si nadie te viera.

Gentiliza de un amigo. Desconozco al autor.

Marita

viernes, enero 21, 2011

María Aurelia


Año 1963.
Estamos en el patio de la escuela, después del Acto Académico, todas con el “diploma” de maestra en la mano. Algunas llorábamos, otras se reían, en fin, había de todo. No me llamó la atención la conducta de María Aurelia en cuanto a lo que dijo posteriormente; siempre tenía esas salidas. Era divertida, alegre, siempre con un chiste a flor de labios y lo más importante, todas la queríamos, porque es de esas personas que se hace querer. Por supuesto que dentro de la división había grupos que no se integraban con los demás, y por supuesto el nuestro era el “mejor”. Ella, en vez de llorar, nos miró al grupito y nos dijo:
-No sé para qué lloran. Yo lloro por la alegría inmensa de dejar la escuela que ya cumplió su función, y ustedes porque la dejan. Reconozco que pasé momentos lindos, no tan lindos, y también de los otros, en que hacía todo tipo de macana. Eso es lo único que puedo llegar a extrañar: no poder hacer más perrerías a las monjas.

De contextura pequeña, flaca, rubia, cara de tímida (de lo cual no tenía nada) y muy colaboradora en todos los sentidos. Pero con una fortaleza muy grande a pesar de su apariencia física. Sin embargo pienso que esas personas que siempre tratan de proteger y ayudar, son las que más necesitan ser ayudadas y protegidas.
Con el grupo constituido, por cinco compañeras de división, salíamos todos los fines de semana a los famosos bailes del Comedor Universitario. Eso después de terminado el secundario, porque antes no estaba permitido, salvo a cumpleaños en casas de familia. Y obviamente la líder siempre era ella, pero siempre de forma inocente, y a veces no tan inocente. Nos divertíamos sanamente. Conocíamos chicos, salíamos en grupo, pero no pasaba de eso: amistades.
Al cabo de unos seis años de andanzas, María Aurelia nos cuenta:
-A través de una amiga de mi prima, en Mar del Plata, (siempre veraneaba allí con sus padres y hermanos), conocí un matrimonio espectacular y me dijeron que tenían la persona ideal para mí. Un chico al que le falta una materia para recibirse de contador. Es del interior pero piensa radicarse acá. Me invitaron a cenar el sábado que viene, así que no voy a poder salir con ustedes.
Por supuesto que todas nos alegramos, ya que éramos muy unidas y no había celos entre nosotras. Por el contrario, cada una quería que la otra estuviera bien y nos poníamos mal si algo les pasaba.
A pesar de ser tan “tiro al aire” la ilusión de ella (cuando hablaba en serio) era formar una familia y tener muchos hijos.
Su infancia fue feliz, sus padres excepcionales, como sus hermanos, a los que estaba profundamente unida. No tenía motivos para ser desgraciada. Y creo que por eso era como era.
Empezó a salir con el famoso futuro contador, y empezamos a notar cosas raras en su conducta: ya no se comunicaba tanto con nosotras.
Todas nos fuimos casando antes del año 1970 y se limitaba a ir a la iglesia acompañada de su novio. Pero era la de siempre. Atribuía el no ir a la fiesta a que al novio no le gustaban las reuniones sociales.
Cuando ella se casó en el año 1971, nos llamó poderosamente la atención que solamente nos participó a la iglesia y no nos invitó a la reunión, que por supuesto y dadas las características del novio, iba a ser algo muy íntimo. O sea contra sus reglas.
Al novio lo conocimos, y nos pareció la persona más normal del mundo: simpático, entrador, alegre, educado, etc. A partir del casamiento le perdimos el rastro. No había manera de comunicarse con ella, ni siquiera a través de la familia.
Pasaron muchos años antes que tuviera yo, noticias de ella.
Un día en el año 1991, me cruzo con alguien en el centro que me llama por mi nombre, al darme vuelta y mirarla detenidamente, me di cuenta que era María Aurelia. Estaba totalmente cambiada desde el punto de vista físico y se veía en su rostro una profunda tristeza. La invité a tomar un café y aceptó, no sin miedo. Fue cuando me enteré qué había pasado con ella: la persona con la que se casó, cambió rotundamente una vez casados. La golpeaba física y moralmente, la humillaba en público y, en consecuencia, la anuló en todos los sentidos. Ella a su familia le negaba todo, incluso si la veían con alguna marca, siempre tenía un pretexto.
Pero logró su cometido, porque creo que Dios la ayudo a salir adelante a pesar de todo. Tuvo cinco hermosos hijos, usando trucos que solo una mujer sabe hacer, y a pesar de la negativa del marido para que los tuviera, luchó con uñas y dientes para tenerlos. Dios también la ayudó a tener embarazos, partos y chicos sanos (dos mujeres y luego tres varones). El sexto embarazo se lo hizo abortar bajo amenazas contra los chicos, a quienes también agredía de la misma manera que a la madre.
Estuvimos más de dos horas en ese café, de lo cual no me voy a olvidar jamás, porque me marcó también.
Entre otras cosas me contó que el hermano mayor, de algo se había dado cuenta y la mandó, haciéndose él cargo de todo, al interior del país para que empezara una nueva vida. Eso ocurrió en el año 1990.
Se estableció con los chicos, y sus padres y hermanos los mantuvieron durante un año hasta que pudo conseguir trabajo como preceptora en dos escuelas secundarias y comenzó a pagarse ella misma su alquiler, un departamento de dos dormitorios donde vivían apilados pero en libertad y paz. Dedicó quince años de su vida a la crianza de los chicos y, por suerte, logró muy bien su cometido. Sus hijos, a medida que les llegaba la edad, comenzaban a trabajar. Algunos de los varones le dieron trabajo con la escuela, pero no les permitió que no terminaran el secundario. Ahora se lo agradecen, ya que son profesionales. La luchó sola y recibió sus frutos.
Cuando nos separamos en la puerta del café nos intercambiamos direcciones y pudimos volver a comunicarlos nuevamente. Yo me encargué del resto: de hablar con el grupito y contarles toda la verdad.
Llegando al año 2001, me escribe por correo electrónico, que se había quedado totalmente sola y que una de sus primas le había ofrecido volver a su ciudad. Y lo hizo después de haberlo pensado y estudiado mucho. Consiguió un traslado y acá la tenemos de vuelta, con su físico de antes, su alegría, su espontaneidad y feliz de su logro.
Sus padres aun viven al igual que sus hermanos y están orgullosos de ella. Tiene tres nietos y hasta una pareja con la que es feliz, según me contó, y se positivamente que es cierto, es el segundo hombre en su vida. Es como si hubiera empezado a ser feliz con un hombre a los 58 años. Mi opinión es que se realizó como mujer cuando conoció a esta persona, quien le enseñó a vivir como realmente debe vivir una verdadera mujer. Pero lo más importante, es que en su familia, no solo me refiero a los padres, hijos o hermanos, sino a todos, ha aceptado a esta persona como al verdadero marido de María Aurelia, por lo tanto lo quieren, y nosotras, “la pandilla de 1963”, también.

Historia de ficción basada en la realidad
María Marta Eliggi
Buenos Aires – Abril 2006
María Marta Eliggi